miércoles, 16 de febrero de 2011

Árbol y Flor de Argentina, El Ceibo

Flor del Ceibo

Vamos a intentar con algunos posts hacer referencia al árbol o flor que identifique los países que nos visitan. Nos gustaría que también colaboraran con nosotros indicándonos que planta o árbol es más representativo de vuestro país.

El ceibo pertenece a la familia de las leguminosas. Su nombre científico es Erythrina Cristagalli. Es originario de Sudamérica y se conoce con otros nombres comunes como árbol del coral, flor de coral, pico de gallo o gallito. Es el árbol y flor nacional de Argentina.  Es un árbol que cuando está en floración encandila por su belleza. Puede alcanzar los 20 metros de altura y aproximadamente 1 metro de diámetro. Su tronco es  retorcido y las semillas van en vainas encorvadas. Sus flores son rojas, de un rojo carmín. Crece en las Paraná y del Río de La Plata, pero se lo puede hallar en zonas cercanas a ríos, lagos y zonas pantanosas a lo largo del país.

La madera de ceibo es muy liviana y porosa, y se utiliza para la construcción de balsas, colmenas, juguetes de aeromodelismo. Su presencia en parques y jardines argentinos, pone una nota de perfume y color. Hay que evitar tocar sus flores, debido a que sus ramas poseen una especie de aguijones.

Árbol del Ceibo


La leyenda del Ceibo:

Cuenta la leyenda que esta flor es el alma de la Reina India Anahí, la más fea de una tribu indomable que habitaba en las orillas del Río Paraná. Pero Anahí tenía una dulce voz, quizás la más bella oída jamás en aquellos parajes, amante de la libertad como los pájaros del bosque. Un día fue tomada prisionera, pero valiente y decidida, dio muerte al centinela que la vigilaba. En ese mismo momento, quedó sellado su destino para siempre: condenada a morir en la hoguera, la noche siguiente, su cuerpo fue atado a un árbol de la selva, bajo y de anchas hojas. Lentamente, Anahí fue envuelta por las llamas. Los que asistían al suplicio, comprobaron con asombro que el cuerpo de la reina india tomaba una extraña forma, y poco a poco se convertía en un árbol esbelto, coronado de flores rojas. Al amanecer, en un claro del bosque, resplandecía el ceibo en flor.

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