viernes, 15 de marzo de 2013

El Cactus y el Pájaro




En un desierto muy, muy, lejano, vivía un cactus verde llamado Vinci.

Vinci pasaba la vida mirando a su alrededor, ya que, al ser una planta, no podía moverse.

Vinci era un cactus bastante grande, y la distancia entre sus púas también era grande, por lo que, pequeños pájaros podían posarse sobre él sin pincharse. Dentro de aquel aspecto peligroso, con sus pinchos y su dura piel, Vinci guardaba una sorpresa, y es que estaba relleno de agua por dentro.


Los pájaros sabían que los cactus guardaban agua en su interior, y llevaban días rondando por los alrededores de Vinci. Hasta que un día, finalmente, un pájaro se posó sobre Vinci, y empezó a picotearle para traspasar su piel y beber el agua que contenía en su interior.

- Vinci, rápidamente empezó a gritar: -Aiiihhhh! Qué daño! Pero ¿qué haces pájaro malo? Si sigues picoteándome acabaré muriéndome.

-El pájaro sorprendido le contestó: -Señor cactus, es que tengo que beber agua para seguir mi camino a través del desierto, si no, me moriré de sed.

- Vinci entonces le dijo: -Señor pájaro, le entiendo, pero por si no lo ha visto, cerca de aquí hay un enorme oasis del que podrá beber agua sin problemas.

El pájaro insistió en que quería beber el agua de Vinci, porque no quería desplazarse hasta el oasis, por muy cerca que estuviera.


- Vinci le contestó una frase que hizo cambiar de parecer al pájaro molesto: -Señor pájaro, es una cuestión de respeto, si va al oasis, podrá beber agua sin tener que matar a una criatura del desierto, y no tardará nada en llegar a él.

A partir de ahí, el pájaro comprendió que debía respetar a otros animales y plantas, porque son seres vivos como él.

Colorín colorado, este cuento se ha acabado…

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